sábado, 19 de abril de 2014

La Coubre, yo y mi otro yo

Hace apenas dos días llegamos mi novia y yo a la estación de ómnibus La Coubre con el objetivo de embarcarnos con destino a nuestra Santa Clara. Antes pretendíamos regresar de nuestro viaje en tren pero todos estaban “congelados”, según me dijo la persona que me atendió por teléfono desde la estación de Jaruco, donde hubiésemos abordado el monstruo sobre raíles. El precio del viaje en ómnibus es incompresiblemente caro en relación con el costo de pasaje en tren, y utilizo ese adjetivo pues por la diferencia uno esperaría que el servicio fuera de calidad; pero, como les contaré a continuación, no es lo que nos vende Astros.
Reitero, llegamos a La Coubre, y la cola de la lista de espera no podía ser más larga, o tal vez sí, pero prefiero pensar que rozaba con lo permitido por el conformismo social. Nos anotaron para dos destinos después de par horas de espera, de lentos avances y muchas pausas ocasionadas por los reiterados abandonos del puesto de trabajo del hombre que anota en la lista; para comprar y comer algunas confituras, estirar los pies, conversar con la compañera de la taquilla contigua, “satear” con la mujer delante de nosotros en la cola, etc.
La taquilla donde se distribuyen los fallos siempre es un hervidero de gente. Allí es donde ocurre realmente la magia. Puede encontrar un amigo o hacer otros nuevos, puede entablar una conversación sobre la novela de turno, o sobre las graves implicaciones que ha tenido el desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información para la revoluciones de colores en Europa Oriental y Asia. Puro y duro surrealismo socialista.
Llegó el ómnibus de Ciego de Ávila pero no estábamos anotados para ese destino. Nuestra nueva amiga novelera sí, ella y otros seis familiares que no habían llegado a la terminal en ese momento. Comenzaron a llamar por el libro de Ciego, la recienconocida nos facilitó dos de los turnos que ella perdería por no estar toda la familia. Pero el sistema está bien diseñado y como nuestros números de identidad no coincidían con los apuntados en el libro no nos vendieron los pasajes.
Otra pareja que tampoco era parte de la lista salvadora era conducida, por un trabajador de la terminal, al ómnibus después de desembolsar el doble, tal vez más, del monto establecido para viajar a Santa Clara. El mensaje es claro, el sistema es flexible, es incluso atravesable, pero solo si tienes la llave adecuada. La solidaridad de una persona que delega su derecho a otro no es motivación suficiente para saltarse lo establecido. Unos cuantos billetes… bueno, ya eso es otra cosa.
Hace algunas semanas en el alabado espacio del Noticiero Nacional de Televisión, Cuba Dice, se abordó la corrupción existente en La Coubre y otras terminales del transporte público del país. ¿Fue aquel un reportaje efectivo? Hasta cierto punto creo que sí, una de las funciones de la prensa es colocar en la agenda pública los temas que deben ser conocidos, debatidos, resueltos, etc. Pero los responsables de conocer, debatir, resolver (sobre todo resolver) no son los periodistas, son los funcionarios de los ministerios y empresas públicas. ¿Esos responsables habrán visto el trabajo periodístico? ¿Qué medidas se han tomado para resolver las dificultades denunciadas? Desconozco las respuestas.
Si usted no había entendido la relación entre el título y el texto, entonces llegó el momento que despeje todas las dudas. Vivo entre dos yo. Uno que confía en que los LINEAMIENTOS DE LA POLÍTICA ECONÓMICA Y SOCIAL; y los OBJETIVOS DE TRABAJO DEL PCC APROBADOS EN LA PRIMERA CONFERENCIA NACIONAL, y todas las políticas derivadas, darán los resultados esperados; que esta sociedad avanzará sin prisa, pero sin pausa, ni siquiera para comprar y comer algunas confituras, estirar los pies, conversar con… usted sabe. Mi otro yo es menos optimista, se desespera pues no logra ver aun cómo las trasformaciones económicas calan en la mente de las personas para apuntalar lo que se supone está en el centro de nuestro sistema, la conciencia colectiva.
Para que los dos “yo” del pueblo cubano, los optimistas y los escépticos, se pongan de acuerdo es necesario que la palabra SOCIAL deje de ser un adorno en el nombre de los LINEAMIENTOS, y los OBJETIVOS agreguen un capítulo V sobre las Relaciones de PCC con el Pueblo. Mientras sigamos centrándonos solo, o fundamentalmente, en el avance económico las transformaciones no darán los resultados esperados. Mientras no existan valores realmente compartidos, que funjan como base del comportamiento social, lo que se gane y avance por aquí los individuos inescrupulosos que abundan en nuestro país lo corromperán por allá. Mientras situaciones como la de La Coubre sean la regla, en lugar de la excepción, tendré que convivir con mis dos yo.