sábado, 11 de enero de 2014

El umbral de dolor social del cubano está alterado

Las personas, para conocer nuestro entorno, nos valemos de las sensaciones que producen los diferentes objetos y fenómenos a nuestro alrededor sobre nuestros sentidos. Los sentidos tradicionales con cinco; vista, tacto, gusto, olfato y oído, los cuales nos permiten observar, tocar, degustar, oler y escuchar todas las cosas que nos rodean. Cuando un estímulo sobrepasa la capacidad de un sentido específico (en otras palabras el umbral de ese sentido), lo que normalmente podríamos clasificar como percepción se convierte en dolor. Solo pensemos en un par de ejemplos, no importa cuán “agradable” sea un tema musical, demasiado alto nos provoca dolor en los oídos; es irrelevante que tan “interesante” sea una imagen, si posee demasiado brillo (luz) entonces nos puede afectar la vista. Mi opinión es que además los seres humanos tenemos sentidos sociales, que nos permiten conocer nuestra realidad, pero en el caso de los cubanos determinadas cuestiones han alterado nuestro umbral de dolor social, es decir, la capacidad de percepción de lo que socialmente es incorrecto y le causa dolor a la sociedad.
Antes de seguir quiero aclarar, a riesgo de parecer una obviedad mi comentario, que la sociedad no es una cosa abstracta que esta fuera de nosotros. La sociedad eres tú, soy yo, son tus familiares y amigos, somos todos juntos, e individualmente, al mismo tiempo. Los ejemplos de la alteración de ese umbral del dolor social están por todas partes. Quién no ha sido agredido por un chofer de ómnibus, un dependiente de un establecimiento (lo mismo en divisa, que en moneda profesional), un funcionario de alguna empresa de servicios, u otra persona cualquiera en la calle. A veces notamos el maltrato (y el dolor que causa), pero no siempre reaccionamos ante ese estímulo (un grito, un empujón, la rebaja del peso de una mercancía, la dilación innecesaria de un trámite) que sobrepasa los límites que deberíamos soportar; en otras ocasiones ni siquiera somos conscientes de que estamos siendo maltratados, o maltratadores.
La explicación de por qué se permiten tales agresiones sociales está en la misma definición y característica de lo que entendemos por umbral. El diccionario nos informa que un umbral es el “paso primero o entrada de cualquier cosa”, entonces en el caso que nos ocupa estaríamos hablando del límite tras el pasamos de la sensación (estado normal) al dolor (estado inaceptable). Una de las características de los umbrales es que pueden desplazarse, o para decirlo adecuadamente, los seres humanos podemos adaptarnos a diferentes intensidades de un estímulo, llegando a percibir estas como normales. Si metemos la mano en un recipiente de agua caliente, al principio puede que nos moleste, pero pasado determinado tiempo la piel se adapta y la molestia desaparece. Para aterrizarlo a lo que me preocupa, creo que hemos estado durante tanto tiempo expuestos (y ejerciendo) al desorden, la chabacanería, el maltrato, la burocracia, la violación de los derechos y otras cuestiones, que hoy nos parecen totalmente normales. Se modificó nuestro umbral ante estos fenómenos socialmente dolorosos, nos adaptamos al maltrato.
Se imponen dos preguntas ¿Es reversible la distorsión del umbral de dolor social? ¿Qué debemos hacer ante el peligro que supone la alteración de dicho umbral? Yo soy de los optimistas, creo que nuestra situación, aunque caótica, puede modificarse; aunque solo será posible si nos implicamos todos en la solución. Lo primero que creo debemos hacer es informarnos para conocer nuestros derechos y deberes como ciudadanos, solo así estaremos en posición de actuar con conciencia ante este problema, no se puede exigir o cumplir lo que no se conoce. Es imprescindible reclamar, en cada momento posible, el respeto a nuestros derechos y cumplir con los deberes que nos corresponden; así como la creación de las condiciones necesarias para la materialización de dichos deberes y derechos. Ningún individuo solo puede alcanzar logros a nivel social, por esto creo que debemos solidarizarnos con las exigencias o protestas ajenas cuando hayamos comprobado que estas son correctas. Para concluir me parece adecuado proponer la actualización de algunos derechos y deberes (no me detendré en ejemplo en este post) que fueron establecidos acorde a otros momentos históricos, pero que hoy resultan inoperantes.