jueves, 22 de enero de 2015

Mi martiano favorito

Por: Alexander González Seijo
A propósito del nacimiento del Apóstol este 28 de enero quería comentarles sobre mi martiano favorito.  Creo que todos tenemos al menos uno, a veces tan común que pasarían por alto en la multitud.
A mi martiano favorito a veces lo piensan como un economista, un politólogo o un rebelde. A menudo como un dicharachero o un comunista, pero siempre tienen la certeza de saberlo un revolucionario y amigo sin tacha. Todos los que lo conocemos lo sabemos.
Mi martiano favorito habla continuamente del Apóstol, y aunque no recuerdo muchas de las cosas que comenta, sí se me queda grabado que tenemos que esforzarnos por ser hombres y mujeres buenos, y que bueno no es hacerlo todo bien. Qué bueno es sencillamente ser cada vez mejores y pensar que el bienestar individual es compatible con el bienestar colectivo.
Mi martiano favorito critica, pero desde una postura tan respetuosa que no sabemos si es una autocrítica por no haber ayudado más a quien la recibe, o un consejo para perfeccionar nuestros mecanismos de vida y profesión.
Mi martiano favorito está tan apegado a la cultura del intercambio y la cooperación que ya lo ha incorporado a su vida. Él cree que contrastar ideas es indispensable para hacer ciencia, crear algo nuevo o preparar mejor una reunión entre amigos.
Mi martiano nació en el campo y casi aprendió a leer a los ocho años, pero hoy es miembro del Tribunal Nacional de Grados Científicos de Economía, y conozco a muchos que se quitan el sombrero ante él por su estatura ética y conocimientos.
Mi martiano favorito se dio cuenta de que un martiano no puede serlo sin ser guevariano y fidelista, y menos sin ser latinoamericanista. También cree que la disciplina y la organización son esenciales para construir imposibles.
Mi martiano favorito es un hombre sincero, un soñador y un aventurero.
A ese martiano lo he visto defender apasionadamente la necesidad de una descarguita un fin de semana, con tanta fuerza como comenta los principios de la cooperación en la impostergable integración latinoamericana.
Mi martiano favorito no es perfecto, y eso lo hace aún más martiano, porque ser martiano nos acerca más a los hombres que a los profetas, más a los mortales que a los dioses.
Mi martiano favorito ha aprendido de sus errores, eso no quiere decir que no los siga cometiendo, pero sí medita cada acción con profundidad para no volverlos a repetir.
Mi martiano favorito es un amigo nuevo que en realidad es tan antiguo como mis primeros zapaticos de andar, que ahora heredo a mi pequeña hija María Paula.
Mi martiano favorito es mi amigo, pero sé que estas palabras pudieron ser escritas por cualquiera de sus otros amigos, porque con él aprendí que la gente, por lo general, se siente orgullosa de sus amigos.
Mi martiano favorito, y amigo, es un jodedor y un humorista de primera, casi no recuerdo el momento en que estuvo más de cinco minutos sin hacernos reír.
Mi amigo favorito es consecuente con sus principios, pero ello no lo hace más inflexible sino que ha aprendido a adaptarse y transformar su medio. Por eso tiene tantos amigos viejos como jóvenes.
Creo que sería muy bueno que todos tuviéramos un martiano favorito, o al menos buscáramos a nuestro alrededor, pues nos ayudarían mucho a ser mejores personas y mejores cubanos. A lo mejor algunos pueden pensar que ser martiano es una tarea ardua o imposible, pero ya alguien fue una vez martiano, y después muchos lo siguieron, así que no puede ser tan difícil. En el pueblo, además de muchos Camilos, hay muchos Martí.
También pienso que en un futuro, si nos esforzamos, podríamos ser el martiano favorito de alguien.

Nota: Este texto es dedicado al profesor Roberto Muñoz González de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas. Pero por la profundidad del mensaje consideramos que debe ser divulgado más ampliamente.