jueves, 29 de enero de 2015

Preámbulo a las instrucciones para asumir un cargo

Piensa en esto: cuando te asignan un cargo de dirección te asignan un pequeño infierno florido, una cadena de espinas, un calabozo sin aire. No te asignan solamente el cargo, que lo desempeñes muy eficiente y esperamos que tengas resultados porque es un buen puesto, cargo intermedio en la línea de subordinación; no te asignan solamente ese menudo espacio de “poder” que pondrás en tu currículo y  comentarás a todos. Te asignan -no lo sabes, lo terrible es que no lo sabes-, te asignan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu vida, que hay que atar a tu vida con una correa como un pedazo desesperado de tiempo que dominará todo el día. Te asignan la necesidad de cumplir y repartir tareas todos los días, la obligación de cumplir y repartir tareas para que sigas estando en el cargo; te asignan la obsesión de controlar el cumplimiento exacto de las tareas, en tu área, en el área de otros que como tú, tendrán un cargo. Te asignan el miedo de perderlo, de que te sustituyan, de que algo salga mal y se termine. Te asignan la responsabilidad, y la seguridad de que es una responsabilidad mayor que las de otros, te asignan la tendencia de comparar tu cargo con los demás cargos. No te asignan un cargo, tú eres el asignado, a ti te ofrecen para el cumplimiento de los deseos del cargo.

Nota: Esta es una parodia de la primera parte del texto de Cortazar "Instrucciones para dar cuerda al reloj"