lunes, 16 de junio de 2014

La Luz del bote

Por: Carla Gloria Colome 

Hace diez años Luz María vive a los pies del basurero más grande de La Habana, el llamado “Bote de Cien”. Es alta y delgada y hoy parece la estela de la bailarina de un sitio en decadencia. Hace diez años, cuando ya no bailó más en el cabaret Tropicana, Luz María levantó unas tablas, aseguró con unas vigas el techo de trozos de cartón y madera, hizo un colchón con ruedas de carro y ropa vieja, y se instaló en ese rancho de trastos y cosas viejas.
“Me dijeron que había un lugar donde botaban ropa y zapatos, lo que no me gustaba lo cambiaba por arroz y frijoles, y así fui sobreviviendo. Mi mamá vivía en La Habana pero yo no podía irme para su casa, y dije: me voy a hacer un ‘quimbito’ por un monte de estos. Lo hicimos mi marido y yo, pero a él lo cogieron en el bote y se lo llevaron preso”.

Nos invita a conocer el quimbo: una botella, una revista pornográfica en la esquina, un llavero, un tete de bebé colgando del techo, una mochila rota, flores de plástico gastado. Todo lo ha recogido del basurero. “Yo me encontré en el bote vasos, platicos, una foto de Juan Pablo Segundo, relojes, cadenas de oro, celulares, y muñecos. Me gustan los muñecos”, nos cuenta.
No está sola en el quimbo, el Chen vive en otro a la derecha del de Luz María. No hay muchos por aquí, si acaso dos más. Les pregunto si no hay gente que quiera plantar alguno y el Chen salta enseguida: “No, no, no, no, no, no, no. Eso ni se mienta. Y si hacen otro, nosotros lo echamos abajo, somos la autoridad aquí. A este lugar pueden venir de visita, pero tantos quimbos no, porque se me cuela la policía en la cueva”.
El Chen lleva par de años viviendo en ese quimbo. Antes vivió un año y medio en el mismo bote, encima del basurero, hasta que se llevaron al esposo de Luz María preso, entonces ella le pidió que se hiciera un quimbo cerca y la acompañara. Ahora le dice “tráeme un cigarro, mi nené”, y ella busca en su quimbo una mochila de cigarros viejos y manchados.
Cuando llega el camión de la fábrica de cigarros al basurero, le caen encima. Tratan de que nunca les falten los cigarros y el alcohol, que lo venden cerca. Compran, a veces, algo de comida, pero aprovechan los camiones que llegan y botan pan bueno, o algunas cabezas o patas de puerco, o vianda. Lo que sirve se lo comen, el resto lo venden como salcocho para animales.
El Chen prefiere subir al bote temprano. A esa hora el galeón –como llaman a la policía- a veces no está, y a esa hora se ve mejor, si sube de noche tiene que andar con un mechero para buscar entre tanto montón de basura.
Luz María por estos días no ha subido porque tiene el ombligo muy inflamado. Hace poco cargó con cinco sacos de ropa y ella no puede hacer mucho peso, está operada de apendicitis. Tiene también en el vientre la cicatriz por los mellizos que perdió. Pero viene gente de Pinar del Río y otras provincias, y le dan dinero por la ropa que se encuentra y con eso se las arregla.
Por mucho tiempo han vivido en y del basurero. El Chen dice que a cada rato en ese lugar se forman incendios por las sustancias que desprende la basura descompuesta: “Tienen que quitar ese bote”, agrega, “eso está en medio de una capital, tienen que apartarlo”. Y si lo quitan, ¿usted ha pensado qué van a hacer si lo quitan?, pregunto. “Irnos para el bote que pongan, porque es allí donde hay que estar. Nosotros, los de esta clase, de la clase baja pero honesta, nosotros estamos en la clase de la basura y yo me muero con esta clase”.
El Chen se fuma un cigarro, le pasa a Luz María el pomo de alcohol. Ella bebe, lo devuelve y nos pide disculpas, después podemos seguir la conversación pero ahora tiene unos frijoles al fuego, está anocheciendo y ellos tienen que comer, ellos, los perros y su gatita blanca. Hoy tienen frijoles, gallina vieja, y alguna vianda que encontraron en el bote. Se les ve satisfechos.


Tomado de:  http://oncubamagazine.com/a-fondo/la-luz-del-bote/