viernes, 6 de junio de 2014

La universidad cubana también se transforma

En estos momentos nuestro país se encuentra inmerso en un irreversible proceso de actualización que toca todos los sectores de la sociedad. La educación superior no escapa a este rediseño integral, de ahí que hay varios cambios en los que se viene trabajando hace tiempo. Las transformaciones más inmediatas e importantes, que marcaran un antes y un después, son la integración de universidades y la reducción del tiempo de las carreras universitarias a cuatro años.
Sobre la primera ya se han venido dando pistas en diferentes medios y espacios. Primero el Ministro comentó para La Tablilla algunas cosas en la Universidad de Oriente ; después el diario Granma analizó las experiencias del experimento mayabequense, y hace muy poco en el sitio de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas se publicó un texto sobre la realización de un taller  que tenía como tema central el que nos ocupa. Sin dudas le integración marcha.
La experiencia viene aplicándose en las provincias Artemisa, Mayabeque e Isla de la Juventud al parecer con buenos. Para septiembre de deben comenzar a aplicarse la experiencia en varias provincias, aunque en Villa Clara aun demora  la unificación de la Universidad de Ciencias Pedagógicas “Félix Varela”; la Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte “Manuel Fajardo” y la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas. Las Universidades de Ciencias Médicas, según me han comentado, no se integrarán ahora por considerarse, el sector de la salud, estratégico para el desarrollo económico del país.
Continuando con el análisis de la integración universitaria, son varias las ventajas que le veo a la unificación de los centros mencionados. Por un lado la integración traería aparejada una reducción significativa del personal administrativo (rectores, vicerrectores, aparatos económicos, etc.), traduciéndose esta en mayor eficiencia en la gestión. Por otra parte este sería un paso de avance importante en la reorganización de la educación superior cubana, hoy bastante dispersa en varios ministerios diferentes. Solo para repasar la situación actual recordemos que las Universidades pertenecen al MES, los pedagógicos al MINED, los Fajardo al INDER, las Ciencias Médicas al MINSAP, el Instituto de Relaciones Internacionales al MINREX, los Institutos de Estudios Militares a las FAR, y hasta hace muy poco la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) hoy del MES, pertenecía al, también extinto, Ministerio de Informática y las Comunicaciones.
Pero todo no es color de rosa, la integración supone un reto enorme, sobre todo en aquellas provincias en las que los centros a integrarse poseen dimensiones significativas. La Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas, con 33 carreras, tiene hoy más de 5200 estudiantes de pregrado. Nos conozco la cantidad de estudiantes de Universidad de Ciencias Pedagógicas “Félix Varela”; la Universidad de Ciencias de la Cultura Física y el Deporte “Manuel Fajardo” pero no creo que sean números despreciables, por lo que los mecanismos de gestión y control necesarios para conducir tamaño barco no son bobería. Si a esto sumamos los programas doctorales, las maestrías, las investigaciones, proyectos y otras actividades relevantes que se acometen desde las universidades entonces las cosas se complican más.
La segunda acción en la que se viene trabajando, aunque aún no se le da suficiente divulgación, es en la reducción de las carreras de cinco a cuatro cursos académicos. Cuba es una de las últimas naciones donde las carreras universitarias se extienden de 5 a 6 años (excepto la llamada “Matemática Pura” que hace años se vence en 4 cursos). En la mayoría de los países optaron hace tiempo por acortar el periodo de estudios de pregrado, centrando el proceso educativo en la formación de habilidades básicas para que los egresados puedan solucionar los problemas más comunes en su posterior desempeño laboral. Una vez graduados, para resolver problemas de mayor dificultad, aquellos conocimientos necesarios deberán adquirirse por la vía de los postgrados y las especializaciones.
En estos momentos en que la eficiencia es la palabra de orden estas medidas en las que está trabajando me parecen adecuadas. La reducción del tiempo de las carreras permitirá al Ministerio de Educación Superior realizar una redistribución del presupuesto, destinando el dinero que se ahorre por esa vía a otras actividades, también importantes, que se desarrollan en las universidades, tales como la extensión y la investigación. También para la economía doméstica representará una ventaja. Para nadie es un secreto que aunque el acceso a la educación superior en Cuba es gratuito; para la familia, responsable del vestuario, la transportación, el “refuerzo” a la alimentación, y otros gastos asociados la vida personal de los estudiantes, representa un gasto significativo. De graduarse antes, los jóvenes podrán comenzar a aportar más pronto a la economía de sus hogares.
El reto mayor en la reducción de las carreras se encuentra en la forma de acortar el periodo de estudio. No se trata de “desmochar” acríticamente los programas de las carreras, lo que podría provocar que los profesionales del mañana no sean competentes. La reducción de 5 a 4 años debe partir de un análisis bien fundamentado de cuáles contenidos se les están impartiendo a los estudiantes hoy, y después no son totalmente necesarios en la praxis profesional. El proceso que recién comenzó debe arribar a la creación de nuevos y mejores planes de estudio, casi podríamos decir que carreras totalmente nuevas y con enfoques más modernos.
Esperemos que las transformaciones que se están gestando se reviertan en un mejor uso de los recursos que el Estado Cubano destina a la formación de los profesionales del futuro. También sería conveniente que las “nuevas” carreras universitarias optimicen los contenidos de sus programas; para entregarle a la sociedad profesionales competentes con mayor celeridad. Sé que se trabaja en ese sentido, el tiempo dirá si se logra o no.